Hasta aquí hemos llegado… ¡Se acabó!

“¡Se acabó! ¡Hasta aquí hemos llegado!”.

Hasta aquí hemos llegado… ¡Se acabó!

Hasta aquí hemos llegado... ¡Se acabó!. Contigo Desenredo

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No sé cuántas veces de mi vida habré pensado esta frase… muchas seguro, que la haya dicho no tantas pero pensado muchas. Y después de bastante tiempo sin pensarla ni decirla hoy me vuelve a estar presente con ese tono serio y radical que connota entre exclamaciones.

 

Hasta aquí hemos llegado

 

Una situación en la que vuelvo a sentir que soy una mujer valiente y me lo digo y me lo redigo porque mi ego también necesita aliento para soportar y seguir… Seguir porque, aunque en la frase indico gesto de parar en seco no es tal cosa en plano general si no que, aquí se para algo y yo sigo, sigo creciendo, aprendiendo, madurando, compartiendo y aportando mientras vivo en la máxima paz que sea capaz de permitirme.

 

Mi vida la dirijo yo, mis decisiones las tomo yo, mis compañías las escojo yo…

 

Y entonces así digo donde algo para y por ahí no sigo. ¿Qué hay que hacer para parar o hacer parar a otros? Estar en paz, en calma y ser respetuosamente valiente. Decir ante una situación “Se acabó, hasta aquí hemos llegado” es tomar las riendas y hacerte dueña de tus decisiones y sus consecuencias: Yo decido que aquí esto para mí termina y no voy a seguir por ahí.

Las mujeres que publicamos contenido en redes sociales sabemos que estamos expuestas a la crítica, incluso creo que eso es lo que buscamos, la respuesta del lector que, en mi caso, siempre recibo positivamente y como crítica constructiva. A raíz de una publicación (como las que periódicamente hago) en la que narraba una situación real vivida en un acto público (mis relatos versan sobre la relación adulto-niño y adulto-adolescente ya que mi labor profesional es la de re-educar a padres y docentes con recursos de educación respetuosa) alguien se dio por aludido. Se reconoció como protagonista de la historia y, entre juicios de valor hacia mi persona, tergiversación de mis palabras e indicios de amenazas, prende llama en una fogata que aparentemente crece con comentarios de sus amigos y allegados como si de pólvora se tratara.

No solo comentarios en reacción (que no respuesta) a mi publicación en Facebook sino también a través de Messenger, correo electrónico e incluso mensajes por WhatsApp a mi teléfono móvil.

Soy profesional (que no experta) del respeto mutuo y sé publicar de forma anónima, sé responder agradeciendo comentarios (aunque sean reacciones hacia mi persona y mi labor profesional) y atendiendo a cada persona que interactúe. Sé ser asertiva, por supuesto, y hablar desde el yo, usando habilidades de comunicación respetuosas cien por cien.

 

Lo que también sé y tengo muy claro es que respondo hasta donde se pregunta con respeto,

 

a partir de ahí “¡Se acabó, hasta aquí hemos llegado!” No tolero que en mi perfil personal ni en el profesional se emitan injurias sobre mí ni mi labor, que se ponga en tela de juicio (subjetivo y fuera de contexto) mi profesionalidad ni que se dude sobre el amor que tengo a mis hijos. No. Hasta ahí hemos llegado.

Todo tiene un límite. El respeto mutuo habla de nos tengamos en cuenta y encontremos puntos de acuerdo intermedios, que la libertad de uno se acabe donde empieza la de los demás porque, a partir de ahí, si no se atiende a estas premisas y se cruzan esos límites, ya nada se resolverá en positivo seguramente.

Decisiones como bloquear falsos seguidores que dañan desde el desconocimiento, mantener la calma y la entereza revisando tu labor y postura en cada paso para ser consecuente con el impacto que generes (eso es de valientes, coherentes y justas).

Informarte sobre qué es y qué no es una amenaza a nivel penal y judicial. Sobre si debo o no debo responder con cortesía y respeto a las dudas de quien no ve más allá porque decide recibir una información como un ataque personal, entre otras, son actitudes que forman parte de ese “Se acabó, hasta aquí hemos llegado”.

 

Ha quedado todo claro por mi parte. Hasta aquí he llegado

 

¿Qué pasará mañana? No lo sé. Solo sé que trabajaré en mí misma para seguir siendo la buena persona que soy y poder sentir compasión por quienes aún tienen una nube gris que tapa su camino por delante.

Y así va pasando la vida, entre dimes y diretes, entre días de sol y de nubes, entre crecimientos y aprendizajes… entre mujeres valientes y otras que algún día lo serán desde la seguridad de sentirse en paz consigo mismas.

 

Y así también va pasando esta etapa de colaboración con este espacio hermoso de Mujeres Valientes

 

Ahora cabe aquí (sin exclamaciones) un “Hasta aquí he llegado, nos vemos en septiembre”. Abrazos dejo aquí para quien lee mis palabras y quien, sintiéndose más o menos identificada con mis relatos, puede sacar provecho de ellos.

 

Que el verano os deje muy buenos ratos. ¡Hasta pronto!

Virginia Garcia
Virginia Garcia
contigodesenredo@gmail.com
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