En la azotea

En la azotea

En la azotea

las sábanas que ondean en la azotea como banderas que anuncian la paz

En la azotea

Después de un largo rato buscándolo subió a la azotea. Allí estaba, tumbado al sol con el torso desnudo y la camiseta tapándole la cabeza. Con sigilo se colocó en un extremo, lejos de la vista del niño, no quería molestar pero fue descubierta.

-Ven mamá, túmbate junto a mí, hace un día precioso.

Ella soltó una carcajada al oír la invitación, le resultaron palabras muy grandes pronunciadas por alguien tan chiquillo. Se tumbó junto al niño. Enseguida sintió los rayos de sol acariciando su rostro, rozando tímidamente la pálida tez. Siguieron tumbados largo rato y en silencio, oyendo de lejos el murmullo de la ciudad, ese bullicioso ir y venir de prisas, un clamor que quedó diluido cuando fue arrastrado por el incipiente viento de levante que envió los sonidos lejos de allí. Se tomaron de las manos. 

Acostados en el suelo parecían distintos, diferentes a cuando estaban en posición vertical. Ella en ese estado de tranquilidad parecía más joven, más vigorosa, él parecía menos niño, menos frágil. Madre e hijo, juntos y solos. Lejos de todo lo que podía dañarlos, cerca el uno del otro alimentado el amor que los unía. 

El generoso sol olvidaba el fragor del verano ofreciendo un cálido abrazo a seres necesitados de calor. Un día diferente, momentos pausados, todo envuelto en ese halo cálido de promesas por cumplir. Las manos unidas, atadas y aliadas deseosas por seguir ensambladas por siempre pero predestinadas a la despedida. 

Un pájaro cruzó el cielo emitiendo un graznido. 

-Es una gaviota. Hoy hay mar de leva.

Ella sonrió a su pequeño genio marinero y sin quererlo  evocó con ternura al hombre que se tragó la mar.

Sabe que pronto el cielo se tornará gris, que la anunciada tormenta no tardará en llegar. Aprovecha el momento y asida de la mano de su hijo añora tiempos pasados, momentos irrepetibles. Antes de que caigan las primeras gotas ha de recoger la ropa tendida, las sábanas que ondean en la azotea como banderas que anuncian la paz, blancas banderolas que izadas en un día de sol permiten que el reposo soborne a la rutina robándole un momento de quietud.

[author] [author_image timthumb=’on’]http://i.picasion.com/pic81/5d36fe4d71b4fc3f9ab2b401ebd08b5e.gif[/author_image] [author_info]Yolanda Tamayo es escritora y ha publicado una recopilación de sus artículos en el libro, “Para que no te duermas”, además de colaborar en diversas revistas [/author_info] [/author]

Yolanda Tamayo
ambartamayo@hotmail.com
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