Divorcio de una Mujer Valiente… Contra viento y marea

Divorcio de una Mujer Valiente... Contra viento y marea. Mujeres Valientes

Divorcio de una Mujer Valiente… Contra viento y marea

Divorcio de una Mujer Valiente... Contra viento y marea. Mujeres Valientes

Mi último post en Mujeres Valientes lo escribí, como recordaréis, en mi luna de miel en Bilbao. Hoy, después de un domingo de Carnaval de Cádiz, partiendo las botellas de la diversión como sólo sabemos hacerlo en Cádiz (si veis fotos en Facebook no os riáis mucho) y todo el mundo haciéndose fotografías con nosotras, me encuentro inspirada.

Contenidos

Me siento con ganas de explicaros y contaros sobre un caso real de nuestro despacho, como siempre hacemos

Un caso sobre una mujer, esta vez a nuestro modo de ver, valiente como ella sola. Ya hablamos de ella en una ocasión en Mujeres Valientes y esta vez me toca a mí contar el  “problemón del quince” con el que se encontró.

Contra viento y marea, así luchamos las tres. Nuestra valiente, a la que llamaré Lucía (por protección de sus datos cambiaré su nombre y el lugar), se encontró en su día con un divorcio muy contencioso, una pesadilla que duró más de un año. Todo esto viene después del divorcio, como una nueva tempestad que trajo consigo que las tres pusiéramos a prueba nuestra propia paciencia. Comenzamos…

Lucía terminó su matrimonio de forma muy hostil. Su divorcio había causado que nuestras fuerzas se fueran casi al exilio, pero finalmente conseguimos reconducir la situación hasta que finalmente se firmase un acuerdo y poner fin a este primer paso.

La cuestión es que poco antes de que tuviéramos la Sentencia de Divorcio, nuestra querida Lucía recibió en su domicilio una demanda. Nada tenía que ver con su marido, bueno sí, pero no era él el que demandaba en este momento. La entidad bancaria con la que tenía contratada su hipoteca le había puesto una demanda por no pagar siete cuotas de su préstamo. Algo completamente absurdo, puesto que la nueva Ley Hipotecaria establecía que si te encontrabas en la segunda mitad del préstamo hipotecario, podías declarar el vencimiento anticipado del préstamo si dejabas a deber quince cuotas.

Con siete nos encontrábamos ante una aplicación abusiva del vencimiento anticipado del contrato

Cuando nos entregó la demanda (más de 200 folios por cierto), Tamara y yo la leímos hasta la saciedad. Y entonces, nos vinimos abajo, porque la demanda estaba tan bien… ¡tan bien hecha!, que no había forma de meterle mano. El banco reclamaba como pretensión principal que tanto ella como su marido, por aquel entonces todavía, devolvieran la totalidad del préstamo. Y como subsidiaria, que consiste en la pretensión que piden para el caso de que la principal no se le estime por parte del Juzgador, que devolvieran la cantidad que debían.

Lo cierto es que nos sorprendió, no solo lo bien hecha que estaba la demanda (nos costó muchísimo encontrar una vuelta para contestar a ésta), sino que lo normal en estos casos es que nos encontráramos ante un procedimiento de Ejecución Hipotecaria.

¿Qué ocurría? Que el banco no había iniciado estos trámites por este procedimiento, que es el suyo, sino que había metido un simple procedimiento ordinario. ¿Por qué motivo? Porque básicamente querían eludir el control de oficio de la abusividad de las cláusulas de los contratos de préstamo.

¿Qué quiere decir esto? Que si demandamos en un procedimiento de ejecución hipotecaria, el Juzgado, con carácter previo, debe apreciar de oficio las cláusulas posiblemente abusivas, y paralizar el procedimiento si declara la abusividad de alguna. En este caso, la entidad bancaria se hubiera encontrado con muchas trabas si hubiera iniciado su proceso así. Así que decidió coger, en mi humilde criterio, por la calle de enmedio.

En fin… Decidimos intentar hacer algo por ganarles tiempo, porque la única solución de paralizar el asunto era, básicamente, que se produjera un milagro

La cuestión era intentar alegar todo lo habido y por haber. Cuando contestamos a la demanda, nos llegó la citación para la Audiencia Previa. Dos semanas antes, Lucía vino a hablar con nosotras diciendo que si fuésemos a la entidad bancaria a intentar llegar a un acuerdo, ¿qué podríamos conseguir? ¿paralizarlo? Tamara y yo nos miramos y dijimos “por probar no perdemos nada, salvo el tiempo, pero bueno”.

Allá que se fue Tamara con la clienta a hablar con la entidad bancaria, y conseguimos una oferta con quita por parte de la entidad, vía correo electrónico. La cuestión es que ya empezó a sonarnos rara la historia, porque nos dijeron que no lo aceptáramos por escrito, porque si no, tendrían que pagar ya la cantidad. En vista del buen criterio e instinto de mi querida Tamara, decidió contestar al correo aceptando la oferta y poner en marcha la maquinaria para que ambos clientes (que no se podían ni ver, ni pueden a día de hoy), vendiesen el trastero que tenían.

Un detalle (sin importancia, al parecer) que tenía este asunto, es que Lucía se jugaba más que su exmarido, puesto que él estaba viviendo ya en otro sitio, y ella es quien estaba en la casa. Dicho de otra manera, que si tenían que echar a alguien de la casa era a nuestra clienta. Es decir, Lucía tenía muchísima más presión encima que su exmarido, puesto que no era a él a quien iban a echar.

La historia comenzaba a complicarse, cuando nos faltaban horas para paralizar el procedimiento y no teníamos la artillería para vender el trastero completamente desplegada, había que poner al día el IBI, la comunidad, etc. No teníamos tiempo.

Un día antes de la Audiencia Previa, allí que nos vamos Tamara y yo a la entidad bancaria para intentar suspender el procedimiento por sesenta días para poder llegar a un acuerdo, bueno, el acuerdo ya estaba, era simplemente conseguir reunir la cantidad (que no era pequeña, la verdad). Nos toca para atendernos una empleada que, con todos los respetos, nos trató con la punta del pie a las dos. Un trato desagradable, y pésimo, hasta el punto en que nos dijo literalmente “lo que tenéis que hacer es pagar, punto”.

La queja que le puso Tamara a la empleaga, digamos que se la ganó a pulso; dicho sea de paso…

Total, que no hay suspensión, y hay que celebrar la audiencia previa. Allí que llegamos, nerviosas perdidas porque no pensábamos que fuésemos a hacer mucho. Lo único que podíamos hacer era ganar tiempo, es decir, proponer alguna prueba para que hubiera que señalar juicio.

¡Y nos vino Dios a ver!, porque el compañero que venía de contrario, negaba que hubiera un acuerdo encima de la mesa. Así que directamente aportamos los correos electrónicos y su señoría los admitió. Con lo que propusimos, que era básicamente la testifical del director de la sucursal, nos citó para tres meses después. ¡¡Habíamos conseguido el tiempo que necesitábamos!! ¡¡Dios bendito!!.

Cuando se acercaba la fecha para el juicio, hicimos el reparto de la cantidad que se debía, y a quién correspondía, porque claro, mi clienta debía hacer frente al 50% de la cantidad hasta que se firmó el acuerdo de divorcio, y de ahí en adelante ella sola. En resumidas cuentas, que Lucía tenía que hacer frente a más cantidad que su exmarido. Lo teníamos todo bien calculado… Hasta que empezaron los problemas.

El día de la firma de la venta del trastero, en notaría, Lucía cogió su dinero, y el exmarido no le entregó su parte, sabiendo plenamente que esa venta era para salvar la casa en la que no solo estaba ella, sino sus propios hijos. Es decir, que a todas luces lo que se intuía es que le daba igual lo que pasase, pero bueno, nadie se tiene que meter en cuestiones internas.

Se acercaba la fecha del juicio, y el exmarido de Lucía no paraba de dar vueltas para no darle el dinero, que era lo que le faltaba, ella tenía el resto del dinero en su poder. Así que sus propios hijos decidieron implorar al corazón de su padre para que les entregara el dinero. Lo llamaron por teléfono… y el resultado mejor nos lo dejamos para nosotros, la cuestión es que no había dinero.

Bueno, sin andarnos mucho por las ramas, llegaron dos días antes del juicio y finalmente se nos da la cuenta final de lo que se debe para pagar el dinero y nos encontramos con que la cuantía son tres mil euros más…

¡Dios…! ¿De dónde sacábamos tres mil euros más, chiquillo?

Hablamos con Lucía, y media hora más tarde habíamos conseguido la cantidad, sacándolo de un dinero que había dejado su padre en herencia y que tenía su madre en plazo fijo. ¡Lo teníamos!. Todo el dinero, incluso el que el exmarido de Lucía tenía que entregarle; o sea, que ella podía adelantar el dinero.

Cuando se lo comunicamos al banco, nos viene otro problema y es que no aceptarían el pago si no se comprometían al pago de las costas. Ahora viene el colmo, cuando nos pasan la cuantía de las costas observamos que el procurador quería cobrar por el procedimiento entero (os explico: un letrado tasa por la cuantía de la transacción, es decir, por lo que se va a firmar el acuerdo; pues en este caso, el procurador había tasado por el procedimiento entero).

Presas de la indignación, hablamos con el banco y se nos dice literalmente que si se comprometen al pago de las costas en el plazo de un mes suspendemos. Total, que no podíamos, y había que celebrar.”Ya de perdidas al río”, así que le dijimos a Lucía que se llevara el dinero íntegro al Juzgado, para demostrar a la parte contraria (que con todo su derecho podía pensarse que era un farol), que el dinero estaba. ¡Vamos, que estaba allí!.

Así lo hicimos. Cuando llegó la letrada de la parte contraria, le dijimos que el dinero estaba ahí, y que lo teníamos. Pero seguían empecinados en las costas. Así que tuvimos que entrar en sala. Y allí, cuando su señoría preguntó si había posibilidad de llegar a un acuerdo, Tamara dijo, tajantemente “el dinero está. No solo está, sino que está aquí, que mi clienta tiene esta cantidad encima, en un bolsillo”.

Y su señoría preguntó: “Y no son capaces de llegar a un acuerdo?”

Y ahí surgió y salió a colación que el problema eran las costas. Su señoría no salía de su asombro, porque no entendía, y le parecía increíble, que no se llegara un acuerdo por las costas. Y ahí vino ya el remate de los tomates, cuando la parte contraria dijo literalmente “que si no les aseguraban el pago de las costas no querían el dinero”.

Y ahí quedó la cosa. Se llegó a conclusiones y se expuso todo lo que había. Cuando salimos de sala, nuestra clienta consignó el dinero en el juzgado para acreditar una voluntad de cumplir… Que era lo que su señoría quiso valorar, la gravedad del incumplimiento, y la voluntad de cumplir.

Ciertamente, ya había cantidades consignadas, aunque pequeñas, antes del Juicio, y eso fue lo que nos salvó, al menos para que su señoría pensase qué hacer. Todavía no tenemos resolución del asunto, pero estamos esperándolo con ansias, para saber si finalmente su señoría ha sido justa y ha valorado todas las circunstancias del asunto. Lo esperamos con ansias.

Este caso nos ha traído de cabeza, puesto que nos ha puesto a prueba en todos los sentidos. La capacidad de negociar, el temple, el arte de tensar una cuerda hasta las últimas consecuencias, y la historia es que un pleito que estaba a todas luces perdido a nuestros ojos, a día de hoy, no sabemos qué va a pasar.

Tamara se ganó todavía más, si cabe… Se ganó mi admiración como compañera, pues la dirección técnica era suya. Yo, en mi humilde opinión, le daba mi visión, pero finalmente decidía ella. Y creo, bajo mi punto de vista, que ningún otro letrado podría haberlo hecho mejor que ella.

Desde aquí, y sé que me estarás leyendo, Tamara, tienes todavía más mi admiración por ese valor y esa capacidad de hacernos mejores personas, de luchar por lo que es justo.

Lucía ha sido otra vez nuestra protagonista, pero para mí Tamara, siempre serás mi MUJER VALIENTE

Mª José Mateos Selma
maria.mateosselma@gmail.com
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