Divorciarse… ¿Una asignatura pendiente?

Divorcio... ¿Una asignatura pendiente?

Divorciarse… ¿Una asignatura pendiente?

Divorciarse... ¿Una asignatura pendiente?

 

¡Hola de nuevo a todas las seguidoras y lectoras de Mujeres Valientes! Es como siempre un honor saludaros y poner mi granito de arena en este maravilloso proyecto.

 

Divorciarse… Algo más que una ruptura

 

Para la publicación de este mes de nuestro despacho (Mateos y Huelga Abogados), he decidido no escoger solamente un caso, como suelo hacer, sino recoger unos cuantos de ellos, en primer lugar porque versan todos sobre el mismo tema, y en segundo lugar porque  todos han llegado al despacho casi al mismo tiempo. De manera que a lo largo de este artículo vamos a analizar, a través de situaciones reales de nuestros clientes, uno de los aspectos más problemáticos de las parejas, no cuando éstas van bien, pero casi seguro cuando se rompen: los bienes y gastos que éstos conllevan.

Desde mi experiencia profesional puedo decir que, al contrario de lo que podría pensarse, son las parejas con menos patrimonio las que más guerrean por estos aspectos. Aquellas parejas que atesoran más bienes suelen repartir casi sin ningún problema, y asumir además los pactos a los que llegan; pero a veces, cuanto más humilde es la pareja, más nos cuesta hacer que entren en razón, a veces por querer quedarse con lo poco que tenían, a veces por no querer hacerse cargo de los gastos vinculados a los bienes, y en ambas ocasiones por aprovechar la ocasión para enfurecer al contrario.

Aprovecho la ocasión para aconsejar que nunca se firmen estos acuerdos con los bancos sin estar asesorado, porque he visto algunos en los que aunque la cuota baja durante unos años, luego lo no pagado se suma a la cuota normal. Es decir, que si ahora la cuota es de 800 euros, nos ofrecen pagar 400 durante 5 años, y luego, otros 5 años pagando 800 más los 400 no pagados con anterioridad, situándose la cuota en 1200 euros mensuales, por lo que no siempre es buena salida.

Nuestro primer caso es el de María. Tras unos años de matrimonio (sin hijos), ella y su expareja se divorcian, y es él quien se queda con el que ha sido su domicilio y se compromete en el convenio a hacerse cargo de la hipoteca y demás gastos. Y así pasan una serie de años, en los que María rehace su vida, y tiene un hijo que cuenta ahora con 3 años. Hasta que hace unos días, cuando acude al banco, descubre que los escasos 300 euros que ha ganado en una empresa de limpieza, que además son el único ingreso de su familia este mes, han sido embargados por un Juzgado. Si, ya sé que si no tienes un salario por encima del SMI no pueden embargarte, pero los Juzgados primero retienen y después preguntan, y de momento, hasta que justificas tus ingresos y te desbloquean la cuenta, te dejan con una mano delante y otra detrás.

La deuda, en este caso, procede de su anterior pareja, que ha dejado un descubierto de cerca de 3.000 euros en la comunidad de propietarios, a los que hay que sumar intereses y costas. Y viendo esto, la mando directa al banco en el que firmaron la hipoteca, y allí descubre lo que me temía, que también ha dejado de pagar la hipoteca (concretamente 7 cuotas), y que su caso está ya próximo a llegar al Juzgado. En ese caso, no le reclamarán sólo las 7 cuotas, sino el total de lo que queda de hipoteca (unos 95.000 euros), más intereses y costas. La broma asciende a casi 100.000 euros. En este caso, aunque tendremos que correr, podemos encontrar una solución.

Extinción del condominio

Nadie puede ser obligado a tener nada a medias con nadie, de manera que aunque su ex se está haciendo el remolón, sólo le quedan dos opciones, o le da su parte de la casa, o se tendrá que vender; y si no lo entiende por las buenas, tendremos que acudir al Juzgado a pedir lo que se llama la extinción del condominio, que traducido resulta lo mismo, o pagas su parte o vendes la casa. Esto siempre y cuando el banco se siga portando y cumpla su palabra de retrasar la ejecución hipotecaria, porque si diera este paso, no podríamos vender la vivienda.

Os estaréis preguntando por qué la gente realiza estos pactos y no se sale de la hipoteca. En esta situación tenemos también a varios clientes. Pero no es tan sencillo, no basta con la voluntad de los dos integrantes del préstamo hipotecario.

El que tiene la voz cantante aquí es la entidad financiera. Nos guste o no, nos hemos comprometido con ellos en escritura pública por un plazo de 30 o 35 años, y el banco ha estudiado y reestudiado las posibilidades de la pareja antes de conceder la hipoteca, por lo que los divorcios no suelen ir con ellos, y es difícil que acepten la salida de uno de los titulares.

Cada persona que integra un préstamo (sea como titular, o como avalista o fiador) es una garantía de cobro para el banco; por lo que las entidades bancarias no suelen aceptar la salida de un deudor hipotecario. En nuestro despacho, sólo lo hemos conseguido sin problemas en una ocasión, en la que ella no trabajaba, y él tenía una nómina altísima, por lo que el banco no perdía realmente nada sacándola de la hipoteca. Fuera de éstos casos tan claros, lo normal es que la entidad, o no acepte, o pida que al deudor saliente lo sustituya otro con iguales o mayores ingresos, lo que es difícil de encontrar.

¿Y qué ocurre con la cláusula suelo? Llegamos así a Inmaculada, que tras años, muchos años, haciéndose cargo de la hipoteca en solitario, consiguió hace 3 o 4 años que el banco le ofreciera un acuerdo con respecto a ésta cláusula, rebajando su hipoteca y devolviéndole el dinero cobrado de más. Y es ahora cuando el que fue su marido, tras años sin interesarse ni tan siquiera por los dos hijos que tienen en común, la llama para decirle que quiere su parte de la cláusula suelo.

Por mucho que me duela la situación de Inamculada, a la que conozco de hace mucho tiempo y sé que su caso es absolutamente sangrante (le siguen llegando deudas a su nombre que su ex va dejando por el camino), tengo que decirle que, sintiéndolo mucho, debe darle la parte proporcional a los años de matrimonio en que se cobró la cláusula suelo, dado que la mitad de ese período es suyo, y por decirlo de alguna manera, ello lo ha cobrado indebidamente. Y no teniendo ella el dinero (saca a sus hijos adelante limpiando no sé cuantos portales además del suyo), tendremos que llegar a un acuerdo con este sujeto, que ya amenaza con ponerle una demanda. Todo muy bonito.

Y por último, vamos a ver el caso de Saray. Ella es una chica joven, que lleva algunos años con un chico que, debido a que tiene deudas importantes con organismo públicos, no puede tener nada a su nombre.

Construyen una vida en común, poniendo todo a nombre de ella, el contrato de alquiler, el local en el que montan su negocio, el coche, y todos los préstamos que conlleva todo lo anterior. Y cuando llega el momento de la ruptura, Saray se ve obligada a acudir a nosotros porque este chico mantiene que a pesar de que todo está a nombre de ella, todo es suyo, y que o se lo da, o le prende fuego al negocio “porque para eso él es un hombre”.

El caso es que, su carácter es tal, que ella casi está convencida de que él se quede con todo (poniéndolo claro está a nombre de un familiar), y ella se quede sin nada, pero con todas las deudas asociadas. No os imagináis lo que nos costó hacerla entrar en razón, y convencerla de que, en casos así, donde además no existe el matrimonio, el papel es lo que manda. Es decir, que evidentemente las deudas son suyas, pero también lo son los bienes, y el negocio que regentan, y que por tanto, el que se queda con una mano delante y otra detrás es él, le guste más o menos.

En este caso, como aviso a navengantes, ha sido una ventaja que no existiera matrimonio, dado que de ser así, con una sociedad de gananciales, aunque estuviera todo a nombre de ella, podría demostrarse que se pagaron las cosas con dinero ganancial, o incluso con dinero de él, por lo que exisitirían una serie de créditos a su favor que ella tendría que compensar.

Y aunque nos creamos que nosotras somos las perjudicadas, también con nuestra actitud podemos perjudicar a nuestra pareja como ocurrió en el caso de Manuel.

Manuel estuvo casado hace ya algunos años, y tras un divorcio que consiguió cerrar de manera amistosa, pactó que sería él quien se quedaría con la vivienda (no había hijos en este caso) y se haría por tanto cargo de la hipoteca y los demás gastos que la misma conllevase. Y así ha venido siendo desde entonces.

Los problemas económicos han empezado a acuciar a Manuel, que ahora tiene un niño pequeño de su actual mujer, y además ha perdido el trabajo, por lo que pagar los casi 800 euros de hipoteca se ha convertido en un imposible. El problema llega cuando recuerda que su ex sigue siendo titular de la hipoteca y propietaria de la vivienda. Y es así como nos llega al despacho. Su intención es acogerse al famoso RD aprobado por el anterior gobierno, que posibilita que clientes y entidades bancarias pacten una rebaja de las cuotas durante algunos años.

El caso es que Manuel necesita buscar una salida, pero nadie consigue contactar con su ex, ni él mismo, ni nosotros, ni el banco, por lo que, siendo ella titular de la hipoteca, se necesita obligatoriamente su firma, y es imposible que Manuel tenga una segunda oportunidad con su hipoteca.

Tal vez es por ello que muchos Tribunales ya no recogen pactos con respecto a las hipotecas. La única opción viable ahora mismo es interponer una conciliación judicial, a ver si aquí sí acude su anterior pareja, y podemos hacerla entrar en razón.

Debemos darnos cuenta de que la actitud de ella es del todo inexplicable, dado que en caso de impago, el banco irá directamente a por los dos titulares, y no teniendo él ingresos, será ella la principal perjudicada.

Y hasta aquí nuestro repaso a los gastos vinculados a las relaciones de pareja que suelen aparecer con más frecuencia por nuestro despacho.

Como siempre, lo que os relatamos se trata de casos absolutamente reales, problemas de verdad de gente de a pie, que se repiten con frecuencia; tanto que seguro conocéis a alguien en una de estas situaciones.

Es por ello que hemos querido escoger este tema, al ver el aluvión de clientes de este tipo que nos está llegando, y creer que, si bien no será fácil que nadie consiga una solución sin acudir a un profesional, al menos la lectura del artículo dará un rayito de esperanza en lo que acuden a un despacho a solucionar el asunto.

Hasta el próximo artículo. Como siempre, ha sido un placer

Tamara Huelga Gutiérrez
tamara.abogados.h@gmail.com
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