Cuesta de septiembre… El reto de una mamá primeriza

Cuesta de septiembre… El reto de una mamá primeriza

Cuesta de septiembre... El gran reto para una mamá primeriza. Mujeres Valientes

Aquí estamos de nuevo en Mujeres Valientes, con un nuevo curso recién empezado, el olor a playa del que ya ni nos acordamos, contando los días para las próximas vacaciones y un bebé que ya tiene casi 19 meses (año y medio, para entendernos).

Con este panorama, son tantas las cosas de las que podría hablar… ¡QUE NO ME DARÍA TIEMPO!

Así que opto por contaros cómo esta siendo esta etapa en la vida de Pequeño G ya que las vacaciones, como podéis imaginar, han sido estupendas.

Como decía, Pequeño G ya tiene un año y medio, está rebosante de energía, corre y trepa que da miedo (literal), así que las tres semanas que estuve con él en casa tras volver de vacaciones fueron de “tierra trágame”.

No veía el momento de que llegase el ansiado 4 de septiembre para que empezase de nuevo la escuela infantil. Esto suena muy de mala madre, pero así es la verdad verdadera.

LA CUESTA DE SEPTIEMBRE Y CÓMO VOLVER A LA RUTINA CON UN BEBÉ DE AÑO Y MEDIO

Yo me las veía felices este nuevo curso porque Pequeño G ya es “antiguo alumno”, ya conoce la escuela del año pasado, a las profesoras, etc.

Pero llora tooooooodos los días cuando lo dejo. Esto me parte el alma, entro en shock, ¿pero por qué llora? ¡no estoy acostumbrada!. El año pasado no lloró nunca, y este año está llorando a diario.

Bien, esto me lleva a pensar por un lado que, al haber empezado el curso pasado en febrero, todos los niños estaban ya más que adaptados, por lo que el ambiente era relajado. Este curso, en septiembre, han comenzado muchos niños nuevos, así que entrar en la clase es como entrar al infierno, con 10 niños llorando por las esquinas con los mocos colgando. Entiendo a mi pobre Pequeño G, yo así tampoco querría quedarme.

Aún así la profesora me dice que no me preocupe, que mi moquete deja de llorar en cuanto me voy y no llora más en toda la mañana. Que es muy participativo y le encanta salir al patio y cantar y bailar. Eso me deja más tranquila, además algún día llegó incluso a llorar cuando lo recogí porque no quería irse, digo yo que es buena señal.

Por ahora sigue yendo sus 4 horas por la mañana… Ya veremos qué pasa en los próximos meses

En lo que respecta a la casa, he de decir que en los meses de verano Pequeño G ha dado un cambio tremendo. Está más mayor, es más consciente de todo, habla en su idioma, y sabe ya latín, como dicen las abuelas. Ya nos pilla las vueltas como quiere, es un teatrero llorando a veces y ya tenemos amagos de las famosas rabietas de los tremidísimos 2 años.

Si hay una cosa que me pone realmente de los nervios es que lance las cosas. Y que las tire, además, a mala idea, sabiendo perfectamente lo que está haciendo. La tiene tomada especialmente con uno de los mandos de la tele, el más delicado. En cuanto lo ve a su alcance se lanza cual depredador a su presa, lo agarra, te busca con la mirada y ¡zas! lo estrella con todas sus fuerzas contra el suelo.

Durante la cuesta de septiembre es cuando en más ocasiones decimos… ¡NO!

En ese momento pueden pasar varias cosas: 1, que yo suelte un grito de ¡NO! que se oiga hasta en Japón, o 2, que respire hondo, recoja en silencio las piezas desparramadas del mando y lo quite de en medio. ¿Qué es lo mejor? Pues no lo sé, actúo por impulso y en una situación así me resulta complicado pararme a pensar.

Lo que tengo claro es que no quiero darle ningún cate. A veces lo que hago es decirle un ¡NO! rotundo y fuerte y cogerlo y sentarlo apartado en el salón.

Él es plenamente consciente de que la ha liado; de hecho ya lo es antes de lanzar el mando, así que lo dejo ahí, «castigado», y lo ignoro un poco

¿Funciona? Pues no mucho, por lo que hemos optado por guardar el mando en un lugar seguro y prescindir de él hasta que el niño tenga 18 años.

Otra cosa que le encanta es el lanzamiento del vaso de agua y el de leche. Por suerte utilizo los vasos 360º de Munchkin que son antiderrame. Pero claro, no son a prueba de lanzamiento con fuerza desde la trona, por lo que salpica bastante cuando cae al suelo.

Aquí lo que aplico es el ¡NO! de nuevo y no volvérselo a dar. Si tira el vaso de leche casi lleno pues que se aguante, no hay más leche. He de decir que por el momento tampoco es que esté siendo demasiado efectivo, puesto que sigue tirándolo a diario y le da bastante igual, pero creo que siendo paciente al final aprenderá (o eso espero).

En la cuesta de septiembre, Peque G. esta en modo non-stop todo el día

A favor de Pequeño G tengo que decir que igual que está en modo non-stop todo el día desde que se levanta hasta que se acuesta, también está en una etapa súper graciosa.

Muchas veces tenemos que mirar hacia otro lado cuando la lía, para que no nos vea reírnos, pero otras veces resulta imposible no partirse en su cara.

En el próximo post os hablaré de los juegos y entretenimientos que utilizamos en esta etapa, que cada vez son más variados y más “divertidos”.

Por ahora sólo me queda daros ánimos a las que, como yo, estáis en plena ¡CUESTA DE SEPTIEMBRE!

¡ÁNIMO!

Noemí Gutiérrez
n.gutierrez@agenciahalia.com
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