Cincuenta (y un) años… ¡Y MIL COSAS POR VIVIR!

Cincuenta (y uno) años, y... ¡MIL COSAS POR VIVIR!. Mª José Andrade de Mujeres Valientes

Cincuenta (y un) años… ¡Y MIL COSAS POR VIVIR!

 

Cincuenta (y uno) años, y... ¡MIL COSAS POR VIVIR!. Mª José Andrade de Mujeres Valientes

 

Bueno… Pues sí, ya es oficial ¡ME HA LLEGADO LA MENOPAUSIA!

 

– ¿Cuándo fue la última vez que tuviste la regla?… ¿Has tenido algún sofoco?… ¿Te has notado algo raro?… ¿Encuentras diferente tu cuerpo?. Mi ginecóloga.

– No recuerdo bien pero creo que fue el agosto pasado… La verdad que no ha notado ningún sofoco y si he tenido alguno, ni me he acordado de que era por causa de la menopausia… No. Para nada. Sigo utilizando la talla 36 y no he engorado ni un sólo gramo. Yo.

Esto que os cuento es un retazo de la conversación que tuve con mi ginecóloga allá por el año 2016, en la revisión a la que me someto anualmente y a la que acudo, rezando a todos los santos para que no me encuentren nada (que levante la mano quién no está muerta de miedo cuando le hacen la mamografía y la citología. ¡JA!… me rio yo de la que diga que para nada)

Han pasado justo dos años y todavía no he tenido ningún sofoco ni he notado calores ni he tenido que echar mano del abanico diciendo que ¡QUÉ CALOR, POR DIOS!.

 

Ahora bien, el cuerpo ¡AY MADRE MÍA QUE PENA!… el cuerpo ya es otro cantar

 

Un día me levanté de la cama y entre los ojos medios cerrados por el sueño del madrugón de las seis y cuarto de la mañana, y el primer vistazo frente al espejo dándole los buenos días a mi cuerpo serrano a esas horas veo, compruebo y me entran tiritonas porque algo no va bien.

Esa cintura no es la mía; esa barriguita yo no la tenía, esa celulitis (no, que va, es broma… Aún no tengo), esos pliegues en la espalda son de otra y esa cosa rara que tengo en la cadera… ¡Un momento!… ¿me acabo de levantar y me estoy equivocando, o me está jugando una mala pasada el que anoche me acostara tarde?.

¡NOOOOOOOOOO! No me está jugando ninguna pasada el haber trasnochado y la cintura, la barriguita y los pliegues son míos. Ya me lo avisó mi querida M.ª Guichot (lo siento María. Doy tu nombre porque eres la mejor ginecóloga del mundo y lo que valen las personas hay que gritarlo a los cuatro vientos) “Mª José, quedas avisada. Tienes que reducir el número de calorías a lo largo del día en trescientas”… “No te preocupes María, eso está chupado”.

Facilísimo ¿verdad?… ¡Un cuerno!. Ni está chupado ni es tan fácil y eso que enseguida me dio esta pauta, pedí cita con la nutricionista y le conté tooooooda la retahíla de mis hábitos alimenticios: Que si desayuno avena con leche de avena, que si a lo largo de la mañana me como no sé cuantas piezas de frutas (que pierdo hasta la cuenta), que si filetitos a la plancha, que si nada de azúcar, que si por la noche solamente me tomo un yogurt, que si cero de alcohol ni nada de tabaco, que si tampoco pruebo la grasa, que si me estoy aficionando a los súper alimentos… Y así, hasta el infinito y más allá. La especialista me dijo que lo estaba haciendo muy requetebien y que no tenía porque engordar.

Pues nada, me dije yo, alegría para este cuerpo que está a punto de cumplir cincuenta porque estoy divinamente y para nada me identifico con la imagen de la menopausia que yo tenía.

Porque llegar a esa momento me daba un poco de miedo recordando lo que sufrió mi pobre madre cuando le llegó a ella. Los días a oscuras que pasaba metida en su habitación. Lo que lloraba porque una parte de ella se había ido y las veces que repetía y repetía sin cesar quesi yo llego a saber esto, tengo otro niño… ¡Como si tener un hijo te volviera inmune a cumplir años y a dejar de tener la regla, vamos!

No es que me quedará traumatizada por ese episodio que viví tan cerca, muy al contrario, aquello me ayudó a pensar y a prepararme para una nueva etapa que tenía que vivir con naturalidad, cuando me di cuenta de que estaba a punto de llamar a mi puerta la señora menopausia.

M.ª Guichot me dice que no crea que a todas le pasa lo mismo que a mi. No todas tienen la suerte de no haber tenido apenas sofocos y de tener la actitud que yo tengo frente a este momento tan delicado para la mujer, pero la verdad es que ya que me ha tocado, y no puedo devolverla, como la ropa interior, voy a vivirla como lo he vivido todo en mi vida.

Y además, cómo no puedo cambiar esta situación… ¿Que os parece si nos hacemos amiga de ella?

 

Ya lo decía mi padre que era sabio: si no puedes con el enemigo, alíate con él”. ¡Dicho y hecho!, somos íntimas desde hace dos años, viene conmigo a todos lados y cuando me miro al espejo con mi nueva cintura, mi barriguita y los pliegues en la espalda me siento plena, llena de vida y me digo a mí y a quien me quiera escuchar que…

¡ESTOY DE MODA!

 

Fotografía: Juan Cruz. Diwap Gallery

Obra del artista Julio Linares. Alimañas estivales

Mj. Andrade
María José Andrade Alonso
marandalo67@gmail.com
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