8 de marzo, la misma línea horizontal

8 de marzo, la misma línea horizontal

¿Qué ha ocurrido desde el 8 de marzo?

 

¿Se siente usted más libre o empoderada? ¿El delantal sigue siendo una capa? ¿Manolo se hace su cena o no?

Siete días. Ciento sesenta y ocho horas. Diez mil ochenta minutos. Un tiempo prudencial para emitir análisis de lo ocurrido, lo hecho y lo por hacer desde el #8M. Y pueden tacharme de pájaro de mal agüero, de agorera, de vaso medio vacío o de lo que quieran; pero eso no cambiará los hechos, téngalo en cuenta.

 

La jornada del 8 de marzo fue una mezcla de feria y guerra

 

Un campo de batalla lleno de color morado, llovizna fría y gritos. Como toda feria tenía risas, bailes, música, atuendos especiales, chillidos de emoción, abrazos y aglomeraciones. Como toda guerra tenía uniformes, gritos de rabia, armas y dos bandos. Todo inundado de morado, de expresiones malsonantes y mujeres. Yo anduve en esta feria/guerra durante aproximadamente quince minutos por la mañana, en calle Mesones en Granada, y una media hora por la tarde, por Gran Vía de Colón. ¡Cuán diferentes fueron las muestras! ¡Cuán diferentes eran los ambientes! ¡Cuán diferentes eran las mujeres!

Por la mañana, la verdadera lucha estaba en las trabajadoras. Ninguna había fallado, todas estaban allí, cada una en su lugar. No podían parar el/su mundo. María vendiendo el pan, Alba en la rueda de prensa, Laura dando clases, Patri haciendo instrucción, Carolina gestionando el papeleo, Rocío cosiendo, etc. Había delantales en los balcones, pero todas estaban ganándose el sueldo.

 

¡¿Cómo?! ¿Y el #NosotrasParamos?

 

No fue ni es real, admitámoslo. Quizás pararan algunas mujeres , pero no las suficientes como para que calara el mensaje. ¿Y si de verdad hubiesen parado todas? En España hay más de 23 millones y medio de mujeres, superamos por casi un millón a los hombres. Hubiésemos parado de verdad el país, no hay suficientes varones como para que estén en sus puestos y nos sustituyesen a nosotras.

Y si es posible el parón, ¿porqué no sucedió? Fácil. Porque Rocío es autónoma, y si no cose sus prendas, no las vende, y no come. Porque el pan se vende por la mañana, y alguien tiene que recibirlo, colocarlo y venderlo, y esa es María. Y así, hasta el infinito, hasta nombrar a cada una de esas mujeres que tenían que hacer lo correcto, no solo para con ellas sino para su familia, para la sociedad. ¿Y por eso son malas mujeres? ¿Son menos feministas? ¿No apoyaban el NosotrasParamos?

 

8 de marzo, la misma línea horizontal. #8Marzo. Día de la Mujer. Mujeres Valientes

 

Por la tarde el ambiente era bien distinto. María, Rocío y Patri pudieron salir, y se unieron a la convocatoria “oficial”. A las 18:00. El autobús iba desbordado. Unas a otras se pintaban dos rayas horizontales en las mejillas y el símbolo de lo femenino en la frente. Me reí para mis adentros, parecían hinchas de un equipo de voleibol.

Junto a mi, se sentaron 3 mujeres. Trench clásico, perlas, botas de agua, una bufanda morada y mil y una pegatinas apoyando al feminismo en su solapa, ella se sentó junto a mi. En frente, dos amigas, de mi edad, con las zapatillas embarradas, la pintura de guerra morada y unas pancartas. Vislumbré una de ellas, ya que parecía guardarla con recelo, “Hasta el coño”. Y pensé, “no me representa”.

¿Y qué sí? Me representan todas aquellas mujeres que visibilizan las situaciones, buenas y malas; las que tiene bien claro quiénes son y lo que quieren; las que no necesitan los insultos, los gritos ni las palabras malsonantes para hacerse oír.

Me representan las mujeres que cada día, en un cuartel, hacen las mismas flexiones que un hombre, la que conduce un trailer, la que acarrea cemento, las que han roto el molde y han hecho nuestras las profesiones que antes se nos vetaban por género.

Me representan las que se dan la mano en el trabajo y no dejan que el acoso las derrumbe, me representan las que quieren y no quieren tener hijos, las que toman sus propias decisiones y las que piden consejo ante la duda.

Me representan las mujeres que hacen los correcto para ellas, y no para el mundo que las mira incisivamente esperando su error. Y justo eso vi el #8M. Muchas mujeres que acribillaban a otras por no asistir a la huelga, las denostaban por no ser ‘tan feministas’ como deberían, que miraban mal a los hombres en la huelga,…

Entre la muchedumbre, seguí sintiéndome no representada por los gritos que salían del megáfono. No eran mi voz, aunque quisieran. Y las consignas políticas absorbían el altavoz.

 

Me sentí llevaba, sin voluntad, alguien más en la marea morada que gritaba contra todo

 

Pensé, tonta de mi, que luchábamos por la igualdad, aunque eso supusiera pagar la entrada del pub, tener las mismas pruebas de acceso y las mismas oportunidades frente a un empleo. Pero no, queremos ser iguales sin saber lo que es la igualdad. Porque el patriarcado nos ha convertido en el sexo débil, sin poder, encarcelado— y resulta que la cárcel tiene almohadones de seda, pase VIP, poder de seducción y “50 sombras de Grey”.

Y hoy, siete días, ciento sesenta y ocho horas, diez mil ochenta minutos… ¿Se siente usted más feminista? ¿Ha intentado romper el techo de cristal? ¿Ha dejado de criticar a esa chica? Esperen, no contesten. Ya lo sé. No es cosa de siete días. Pero sí de cada minuto, de aportar en cada momento, de sentirse empoderada sin necesidad de llevar la cara pintada con símbolos, siendo libres al llevar un escote porque sabemos que ninguna de nuestras ‘hermanas’ nos juzgará.

 

La igualdad no es discriminación positiva…

 Es una línea horizontal desde donde a todos nos cuelgan los pies al mismo vacío

 

 

Carmen S. Cantos
cscantosmartin@gmail.com
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