Sí…acepto

Sí...acepto. Virginia García. Entre nosotras

Sí…acepto

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Sí...acepto. Virginia García. Entre nosotras

 

Lo leo, lo escucho, me oigo diciéndolo y siento emociones variopintas según el momento en que lo encaje dentro de mi historia personal.

Cuando estoy, siendo niña, ante un adulto que me impone su voluntad, sus decisiones y castigos sobre mí me veo aceptando lo que no deseo y a la vez me daña, aunque no lo verbalice lo acepto. No tengo alternativa. Me aferro a cumplir con lo encomendado y a desear que el tiempo pase rápido para poder llegar al ansiado número dieciocho que me dará la libertad de elección y aceptación.

Me encontraba ya gozando de esa libertad cuando acepté cambios importantes en mi vida. Fue de forma voluntaria, sí, pero con la aún dependencia de terceras personas en la mayoría de los casos. Me habría sido imposible por ejemplo cambiar de lugar de residencia para estudiar mi carrera si mis padres, en este caso, no hubiesen estado detrás haciendo transferencias bancarias. En aquel momento estaba practicando esto de “tomar decisiones”, de hacer lo que yo quisiera hacer… pero sola no podía, o no me atrevía. Quizá no pensé ni en intentarlo.

El siguiente momento de mi historia en el que recuerdo con placer haber aceptado algo fue en mi unión matrimonial. Ahí estaba feliz y plena, segurísima de lo que hacía y de que lo hacía porque yo quería (porque me daba la gana y punto, que tan a gusto nos sentimos cuando lo vemos de esta forma). Era una decisión de peso y responsabilidad pero segura porque se apoyaba en un sentimiento de amor y necesidad profundos. Estaba al cien por cien en la aceptación de convivir legalmente con ese determinado ser al que yo había elegido entre millones mientras que también él me estaba eligiendo a mí. Grandes y curiosas casualidades. Pero ved que esta tampoco es una aceptación mía únicamente, era de los dos.

Ahora sí, pasando años, y páginas de este libro o historia de vida que voy escribiendo día tras día, creciendo internamente, descubriéndome a mí misma en esencia, es cuando de verdad me he llegado a oír diciendo “Sí, acepto” y entonces me he sentido pura, capaz, tranquila, empoderada, segura, yo.

 

De pronto aceptas a todos aquellos con los que convives

 

Porque llega un momento en que aceptas, al fin, fijarte más en las mujeres que te llevan un paso o cien de ventaja porque aceptas que, aunque todos en este mundo pueden aportarte algo, ellas son las que te aclaran el camino y te dan la información veraz de qué es, cómo es y cómo lo vas a sentir cuando llegues al punto en el que ellas están ahora y desde el que volverás a fijarte en lo que hayan avanzado. De pronto aceptas a todos aquellos con los que convives, a los que antes evitabas, a los que jamás hubieses perdonado, porque entiendes que también tienen su historia de vida y de ella dependen, igual que tú.

Aceptas que quieres ser feliz haciendo lo que decidas hacer, más bien sintiendo como decidas sentir. Porque ahí sí que no hay nadie que influya o de quien dependas. Eso está en ti y lo manejas tú sola.

Siento lo que decido sentir.

Decides cambiar odio por aceptación, miedo por “yo puedo”, soledad por observación, juicio por compasión… Y te estás aceptando a ti misma porque por fin te has decidido a procurarte la paz que necesitas, y la has aceptado.

Y entonces vives.

Con lo tranquila que se queda una cuando por fin acepta

 

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Virginia Garcia
Virginia Garcia
contigodesenredo@gmail.com
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